¡Hola amigos!
Hace miles de años, todos los reptiles del valle del Arlanza vivĂan bajo el mando de un lagarto. Este no era el mĂĄs grande, ni el mĂĄs fuerte, ni siquiera el mĂĄs veloz. TenĂa algo que le distinguĂa de todos los demĂĄs, una caracterĂstica biolĂłgica que le convertĂa en rey; su sangre.
La sangre de Lepidus era caliente.
La jerarquĂa de aquel lagarto durĂł varias dĂ©cadas, lo controlaba todo, tanto la vida diurna como la nocturna, en verano y en invierno. Le gustaba vigilar y contemplar su territorio las noches claras, las noches de calma en las que podĂa escuchar desde su risco a quienes merodeaban por sus posesiones. Este hĂĄbito nocturno le permitĂa controlar a otras especies que convivĂan en su terreno, sabĂa cuĂĄndo llegaba el chotacabras cuellirrojo, cuĂĄndo metamorfoseaban los pequeños sapos de espuelas, dĂłnde cazaba la lechuza o cuĂĄntas crĂas habĂa tenido ese año la silenciosa gineta.
Las diferentes especies de lagartijas que habitaban el valle, solĂan llevarle ofrendas el dĂa del solsticio de verano, ritual que marcaba el inicio de la temporada de Sol.
El risco desde donde Lepidus observaba el entorno estaba marcado por la cantidad de "cadillos" que crecĂan en sus rendijas. TambiĂ©n llamados "tagarninas", los cardos de flores amarillas decoraban ese oteadero y hacĂan sentir cĂłmodo al lagarto rey.
| Lagarto ocelado |
| Lagarto ocelado |
| Lagarto ocelado |
| Lagarto ocelado |
Los Ășltimos coletazos de Lepidus ocurrieron precisamente un dĂa de solsticio de verano.
Aquel año hubo plaga de langostas, y la cantidad de ofrendas que recibiĂł el rey fue desorbitada. El rey, como muestra de poder, acabĂł con todas las langostas que le llevaron, y al atardecer estaba ya llenĂsimo. El ocaso se acercaba y Lepidus saliĂł de su cueva para descansar en la repisa de su risco.
Nadie presenciĂł sus Ășltimos momentos ya que el resto de reptiles se habĂa retirado a pasar la noche, pero algunos cuentan que aquella suculenta comilona le costĂł la vida.
En ese momento, se sentĂa tan pesado que los pĂĄrpados empezaron a cerrĂĄrsele, y no pudo percatarse de que un ĂĄguila calzada cicleaba sobre esa zona. Las garras de aquella calzada, marcarĂan no sĂłlo las escamas de su piel sino tambiĂ©n, el final de su reinado.
Desde entonces, no ha vuelto a nacer ningĂșn reptil de sangre caliente y por lo tanto, la vida de los reptiles del valle fluye con total libertad.
Bueno, espero que os haya gustado esta pequeña historia de verano.
¡Un saludo a todos y hasta la prĂłxima!